martes, 8 de septiembre de 2009

trabajo para el míercoles BOLIVIA NO SOLO ES GAS

No es sólo la exportación del gas lo que ha generado la crisis política y social en Bolivia. La pobreza y la exclusión son la otra cara de la crisis boliviana.
El proyecto para exportar gas natural desde Bolivia fue sólo la gota que derramó el vaso. Gran parte de la población boliviana, más que nada, campesinos, indígenas y todos aquellos de los sectores de la sociedad con más bajos recursos, estaba descontenta con la gestión presidencial de Gonzalo Sánchez de Lozada.
"La pobreza, la desigualdad y la exclusión social son la explicación última para las protestas".
Detrás de sus reclamos hay una explicación simple: su administración no pudo revertir la crisis económica en más de un año de gestión.
El tema de gas sirvió para canalizar los reclamos de un pueblo insatisfecho que desde ya hacía un buen rato intentaba hacerle saber a su presidente que no estaba de acuerdo con su gestión.
Sus promesas electorales no habían dados sus frutos y, mientras que para algunos el alivio de la pobreza era una simple "meta no cumplida", para otros, la gran mayoría, era la perpetuación del hambre y las penurias.
La pobreza, la desigualdad y la exclusión social en Bolivia son la explicación última para las protestas masivas que reclamaron la renuncia de Sanchez de Lozada.
Hoy, las mayorías indígenas de la población boliviana marcadas por una crónica e histórica situación de pobreza, están haciendo sentir su voz.
Las mismas que tiempo atrás pidieron ser incluidas en la vida política y social de Bolivia pero nunca fueron escuchadas.
La situación se resume en las palabras que dijo Felipe Quispe, uno de los dirigentes de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), a BBC Mundo: "¿Qué tenemos para perder si ya lo perdimos todo?".
La otra cara del conflicto
Las palabras de Quispe, se compartan o no, reflejan la "realidad" de millones de bolivianos. Muchos en Bolivia no tienen nada, y cuando digo nada, es nada.
El país andino es uno de los más pobres de América Latina, según datos del Banco Mundial en 2002.
Y si los datos en papel de un organismo internacional le parecen muy fríos, basta con darse una vuelta por las calles de Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba o La Paz, para que pueda corroborar por usted mismo que la pobreza pude palparse y oírse.
El Producto Interno Bruto (PIB) per cápita en Bolivia asciende a US$2,300 (uno de los más bajos de la región), mientras que el 62,7% de la población vive por debajo de la línea de pobreza, es decir, no cuenta con lo mínimo indispensable para cubrir sus necesidades básicas de consumo
Si quiere saber más, y no sólo conformarse con mis vivencias, pregúntele a nuestro enviado especial a Bolivia, José Baig, quien recorrió cada esquina del El Alto, una ciudad donde la miseria es el común denominador.
El Producto Interno Bruto (PIB) per cápita en Bolivia asciende a US$2,300 (uno de los más bajos de la región), mientras que el 62,7% de la población vive por debajo de la línea de pobreza, es decir, no cuenta con lo mínimo indispensable para cubrir sus necesidades básicas de consumo (alimento y vivienda).
Según datos del Banco Mundial, Bolivia tiene mayores problemas de desigual distribución de la riqueza y el ingreso que el resto de la región.
Para que tenga una idea, el 20% más pobre de los bolivianos tiene una tasa de mortalidad infantil más alta que la de Haití, Kenia, Nigeria y Camerún, pero el 20% más rico del país tiene tasas comparables a las del mundo desarrollado.
El 14,4% de la población vive con menos de un dólar al día, mientras que un 34,3% lo hace con dos dólares diarios. Entre los más pobres, están los que trabajan en el campo y los que pertenecen a las sociedades indígenas.
Los que protestaban en Bolivia ponían énfasis en el fracaso de las políticas neoliberales aplicadas por el gobierno en cuanto a reducir la pobreza y lograr una distribución más igualitaria del ingreso nacional.
Después de todo, al igual que diez años atrás, todavía las promesas de alivio seguían siendo sólo eso, promesas... El proyecto del gas es visto como una continuidad de esas políticas económicas. ¿Quién podría culparlos?
La gota que derramó el vaso
Las protestas comenzaron con el objetivo de que el gobierno descartara un proyecto de exportación de gas natural y la oposición a la posibilidad de que el gas fuera embarcado a través de algún puerto de Chile, con quien Bolivia mantiene un conflicto limítrofe tras una guerra a fines del siglo XIX en la que perdió su única salida el mar, y que Chile obtuviera los mayores beneficios de este proyecto.
Los manifestantes, encabezados por el diputado y líder sindical Evo Morales, veían el proyecto de exportación del gas hacia México y Estados Unidos como otro modelo "capitalista" que no serviría para aplacar las necesidades de los pobres.
"Los manifestantes veían el proyecto de exportación del gas como otro modelo 'capitalista" .
Los manifestantes exigían que se derogara un decreto que expropiaba esa materia prima en favor de las transnacionales y que al mismo tiempo éstas pagaran impuestos justos por la explotación de los recursos naturales.
Los manifestantes fueron reprimidos con violencia por parte del ejército y la policía boliviana y la indignación popular empujó a gran parte de la población a exigir que Sánchez de Lozada abandonara la presidencia y a realizar bloqueos de la principal carretera que comunica el occidente con el oriente del país.
En ese punto, y sin miras de dar un paso atrás, se pararon firmemente los manifestantes para hacer oír sus reclamos.
Exportar gas: ¿bueno o malo?
Bolivia posee la reserva de gas más grande de Sudamérica, con 52,300 billones de pies cúbicos, y con las exportaciones, el gobierno de Sánchez de Lozada esperaba recibir, a partir de 2005, ingresos anuales superiores a los US$600 millones.
En la actualidad, Bolivia exporta US$1,300 millones anuales mientras que importa unos US$ 1,600 millones, lo que implica un déficit comercial anual que oscila entre US$300 y US$500 millones.
El proyecto del gas aparecía como una alternativa viable para aumentar las exportaciones hacia Estados Unidos y México, y con ello crear crecimiento económico en el país.
Y más que nada, crecimiento social, como lo expresó el mismo ministro de Salud de Bolivia, Javier Torrez Gotilla.
Según el gobierno, los ingresos recibidos por este proyecto iban a permitir un mayor gasto en educación y salud, lo que ayudaría a mejorar la calidad de vida de los bolivianos.
Si estudiamos los números con cuidado, el proyecto parecía ofrecer perspectivas económicas favorables para Bolivia.
En la actualidad, Bolivia exporta US$1,300 millones anuales mientras que importa unos US$ 1,600 millones, lo que implica un déficit comercial anual que oscila entre US$300 y US$500 millones.
Pero los que protestan no veían este proyecto tan viable como el gobierno lo presentaba. Y ¿quién puede atreverse a culparlos?
Evo Morales y Felipe Quispe aseguran que los políticos se enriquecen y la gente continúa tan pobre como siempre.
¿Quién les aseguraba que la situación iba a ser diferente esta vez? Imagínese como se sentiría usted si viviera con un dólar diario y su presidente le viniera asegurando que las cosas van a cambiar, pero usted continúa viviendo con un dólar y ve que las palabras de su presidente son sólo eso, palabras.
Entonces usted ya no le creerá más a su presidente, ¿verdad?, incluso si ahora estuviera dispuesto a poner todos sus esfuerzos en lograr su meta.
Usted sólo esperaría soluciones rápidas a sus problemas. Los mineros, los cocaleros, los indígenas y los pobres, ya no creen en la política.
La oposición a la venta del gas fue sólo una "excusa" para reclamar por la desigualdad social en Bolivia.
Los bolivianos están indignados y descontentos; quieren soluciones "reales" para sus problemas. Ojalá puedan lograrlo sin que la democracia quede en jaque.

Bolivia: la "pulseada" por el gas

Bolivia: la "pulseada" por el gas
por
Mariana Martínez
Columnista, BBC Mundo

Ahora que las aguas parecen haberse calmado en Bolivia, todo el mundo quiere darle una mano al nuevo presidente Carlos Mesa con el proyecto del gasoducto. Ya sea en calidad de "ayuda" o un "simple" asunto de negocios, algunos mandatarios latinoamericanos ya han comenzado la pulseada por el gas boliviano.

Las cosas se calmaron en Bolivia, pero aún debe decidirse el asunto del gas.
Chile, Perú, Brasil y Uruguay compiten como alternativas portuarias para exportar el gas boliviano. Y ¿quién podría culparlos? Después de todo, el negocio del gas es uno rentable que ningún buen negociante podría dejar pasar por alto.
En una intrépida jugada, el embajador de Perú en La Paz, Hernán Couturier Mariátegui, afirmó que su gobierno está dispuesto a financiar el mayor costo que implicaría la construcción de un gasoducto desde Bolivia hasta el puerto peruano de Ilo. No importa que la construcción del gasoducto cueste más, Perú parece está dispuesto a todo.
Pero las razones de Perú parecen ir más allá de un "simple" negocio. El representante diplomático, manifestó al diario peruano "El Comercio", que su gobierno "desea contribuir al financiamiento del proyecto en proporciones equivalentes a las diferencias de costo". "Nuestra propuesta no es sólo comercial, sino que tiene características importantes de integración y desarrollo entre nuestros pueblos", dijo el diplomático.
La propuesta de Perú llega en momentos en que el nuevo gobierno boliviano intenta ampliar el acuerdo de gasoducto existente con Brasil y, de esa forma, exportar el gas natural a través del Atlántico, ya que Bolivia perdió su salida al mar tras una guerra con Chile en 1879. De ahí nace el que los bolivianos no estén dispuestos a negociar con Chile. Cabe más el resentimiento que el progreso, diría algún tecnócrata.

Tanta solidaridad entre hermanos latinoamericanos parece sacada de un cuento de hadas

Para darle más peso a sus declaraciones, el diplomático peruano aseguró que sólo se necesitarían US$300 millones adicionales y no los US$700 millones que calculan las compañías internacionales interesadas en exportar el gas natural desde el departamento de Tarija -ubicado al sur de Bolivia- hasta Estados Unidos. Y que Perú estaría dispuesto a financiar ese costo adicional. A estas alturas, se estará preguntando ¿por qué tanto interés?
Tanta solidaridad entre hermanos latinoamericanos parece sacada de un cuento de hadas, pero Perú insiste en que la ayuda es de buena fe y que nada tiene que ver con los "negocios".
Uruguay no se queda atrás
Pero no sólo Perú prometió ayuda con este proyecto, el presidente de Uruguay, Jorge Batlle, anunció también que ofrecería el territorio del país al gobierno boliviano, como "una forma de contribuir a buscar salidas a la crisis de ese país".

Uruguay ofreció su territorio para la exportación de gas como "una forma de contribuir a buscar salidas".
Batlle, tras retornar de un viaje por Italia y Angola, pisó el aeropuerto de Carrasco, en la ciudad de Montevideo, y lo primero que hizo fue asegurar que le haría un planteo formal a su nuevo colega Carlos Mesa.
La idea, según declaró Batlle, es ofrecer una salida alternativa para el gas natural boliviano, a través del puerto de Nueva Palmira, en el departamento de Colonia, a unos 180 kilómetros de Montevideo, y punto final de la hidrovía de lo ríos Paraná y Paraguay.
El mandatario uruguayo dijo que Uruguay puede compartir el territorio. "Y si eso es voluntad del gobierno, Uruguay le ofrece lo que precise territorialmente, para instalarse en la costa uruguaya, transformar el gas y exportarlo donde quiera. Porque Bolivia con Uruguay no tiene ningún problema", enfatizó Batlle.
¿Cuál es la opción más barata?
A la hora de estudiar todas las alternativas, el presidente Mesa sin dudas tomará en cuenta cuál es la opción más barata y la más rentable.
Para que tenga una idea, la solución menos costosa es utilizar el puerto de Patillos, que se encuentra cercano a Iquique, dado que el trayecto desde el departamento de Tarija -donde se encuentra el recurso natural- es mucho más corto. Chile llevaría aquí la delantera. A la menor distancia geográfica, se le debe sumar que Chile cuenta con mejor infraestructura portuaria que Ilo.

El presidente Mesa buscará la opción más barata y la más rentable.
Sin embargo, la distancia geográfica no parece asustar al embajador limeño. Según Couturier Mariátegui, existen una serie de factores que intervienen a favor de Perú, entre ellas, que la opción de exportar el gas a través de Chile es altamente "impopular" entre los bolivianos. Otra vez, entran en juego los resentimientos históricos.
Hay que recordar que la idea de utilizar a Chile como medio para exportar el gas, fue el factor detonante -pero no la única causa- que desató las protestas, dejó un saldo de 70 muertos y terminó con la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.
La idea de transportar el gas desde Bolivia hasta el departamento de Colonia, en Uruguay, es posible, pero sin dudas, una alternativa costosa. La distancia geográfica es muy grande, alcanza con darle una mirada a un mapa para darse cuenta. Pero sigue siendo una alternativa, tanto como la de Brasil, Chile o Perú.
Negociar con Brasil, sería algo sencillo. Después de todo, Bolivia ya exporta gas natural a Brasil, a través de un gasoducto de más de 3.000 kilómetros de longitud, desde sus yacimientos de la provincia de Tarija hasta los centros industriales del estado brasileño de San Pablo.
El gasoducto tiene capacidad para transportar por día hasta 30 millones de metros cúbicos de gas (equivalentes a unos 189.000 barriles de petróleo), de los cuales, Brasil sólo está consumiendo 15,6 millones de metros cúbicos diarios.
Entre tantas propuestas, elegir se hace difícil.
El gas bajo tierra "no tiene valor"
Aunque muchos son los que están jugando esta pulseada, el nuevo ministro de Minería e Hidrocarburos de Bolivia, Álvaro Ríos, aseguró que todavía no se ha decidido ni el país al que se exporte, ni el puerto de salida. Lo único seguro es que el gas debe exportarse y para ello dio una respuesta muy razonable: "bajo tierra (el gas) no tiene valor" y este recurso natural es el principal generador de divisas del país.
Bajo tierra, Bolivia posee la reserva de gas más grande de Sudamérica, con 52,300 billones de pies cúbicos. Si el país exportara el gas que no consume internamente, el gobierno podría recibir, a partir de 2005, ingresos anuales superiores a los US$600 millones.

En la actualidad, Bolivia exporta US$1,300 millones anuales mientras que importa unos US$ 1,600 millones, lo que implica un déficit comercial anual que oscila entre US$300 y US$500 millones. Es por eso que el proyecto del gas aparece como una alternativa viable para aumentar las exportaciones hacia Estados Unidos y México (o cualquier otro país de Latinoamérica), y con ello crear crecimiento económico en el país.
Aquellos que unas semanas atrás manifestaban su descontento con el proyecto, ahora parecen sentirse más seguros en las manos del nuevo gobierno. Al menos, el nuevo presidente, Carlos Mesa, parece estar dispuesto a solucionar los problemas económicos y sociales que enfrenta el país y para eso está preparado a utilizar el recurso natural.
Consulta popular
Pero no sin antes consultar con los ciudadanos. Ríos aseguró que el gobierno pondrá en marcha en breve un referéndum nacional para revisar la Ley de Hidrocarburos para que el país obtenga una mayor cantidad de ingresos por la explotación de recursos no renovables.

El presidente Mesa prometió un referendo sobre el tema del gas.
El gobierno parece estar haciendo lo correcto. Está dispuesto a informar de forma transparente y veraz todos los movimientos que tienen que ver con la explotación del gas natural y hasta el ministro Ríos aseguró que la administración hará hasta lo imposible por colocarle un "candado" a las divisas generadas por este proyecto, para que estas sean usadas para el desarrollo social y económico del país.
La pulseada por el gas es una realidad. Ya sea por solidaridad latinoamericana, oportunidad de negocio o como quiera llamarlo, a Bolivia se le están abriendo las puertas para exportar una de las materias primas más importantes con las que cuenta y, al mismo tiempo, el gobierno de Mesa tiene la oportunidad de utilizar el recurso natural para otorgarle a los bolivianos el mejor destino económico que reclaman.
Sin dudas, Bolivia se ha convertido en la joven más bonita de la fiesta y ahora todos quieren bailar con ella.
Quedará por verse qué país hermano tiene las mejores intenciones y quién será el que ganará esta pulseada.

sábado, 5 de septiembre de 2009

PGO EN ARCHVO

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